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Profesores y educación sobre el ruido

La educación en un ambiente sonoro saludable se ha de convertir en una prioridad. Como profesores, nuestro objetivo para lograrlo comienza en la información y concienciación de esta realidad a los chavales desde las edades más tempranas. Prevenir sobre los efectos disruptivos del ruido no es una cuestión menor.

La educación en un ambiente sonoro saludable se ha de convertir en una prioridad. Como profesores, nuestro objetivo para lograrlo comienza en la información y concienciación de esta realidad a los chavales desde las edades más tempranas. Prevenir sobre los efectos disruptivos del ruido no es una cuestión menor.

Vivimos en una sociedad en la cual un irritable exceso de ruido se nos ha instalado de una forma tan absolutamente natural que nos hemos habituado a él de forma inconsciente: los taladros, las alarmas, la música alta, los automóviles, los gritos… con su música de fondo se han convertido lamentablemente en un eslabón más de nuestra cadena de existencia.

Pero a esta coyuntura se la puede hostilizar. ¿Desde dónde? Desde el origen. Inicialmente, desde los colegios. A los discentes les hemos de enseñar desde pequeños que el ruido es invisible, pero altamente contaminante.

Ruido, taladro

A los discentes les hemos de enseñar desde pequeños que el ruido es invisible, pero altamente contaminante

Cambiar el chip

Estos sonidos desagradables entorpecen los procesos cognitivos; producen disfunciones en la memoria, atención y aprendizaje; generan agresividad, estrés y nerviosismo

Tenemos que cambiarles el chip para que permuten ruidos desabridos por sonidos que aporten información y serenidad.

Debemos concienciar y buscar soluciones. Y en esta lid todos tenemos que ser los protagonistas.

A los chavales hemos de enseñarles que en el aula no se puede ni alzar la voz ni interrumpir al que está hablando. El turno de palabra se debe respetar. Hay que levantar la mano y esperar tu vez. El saber escuchar al maestro, al compañero y a uno mismo tiene que resultar un acto de placer. De esta forma se evitará además, la repetición innecesaria de mensajes.

Igualmente hemos de adiestrarles a no arrastrar muebles como sillas, mesas o pupitres. Poner fieltros en las patas soslayaría estridencias enojosas.

Sin embargo, en el colegio, además de lo que pueda ocurrir dentro del aula, también se tienen que revisar más puntos “conflictivos” en otros enclaves espaciales.

Los timbres y sirenas, que avisan principalmente de las horas de entradas y salidas, deberían cambiarse por música amable. Canciones lentas del estilo de P.S. I love you, I follow the sun, I will, And i love her o Girl de los Beatles serían un apacible reclamo.

José Luis Fernández Juan

José Luis Fernández Juan, escritor y docente en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Valencia

Los timbres y sirenas, que avisan principalmente de las horas de entradas y salidas, deberían cambiarse por música amable

Sensores luminosos contra el ruido

En lugares en donde se suele chillar más de lo aconsejable como en los pasillos no estaría de más el recordar con carteles que se han de bajar los decibelios.

Otro foco de disputa suele ser el comedor. Poner vajillas de plástico o incluso laurear a los integrantes de la mesa más sonoramente “moderada “serían soluciones sencillas y viables.

Instalar sensores en cualquier espacio del centro académico que se iluminen, cuando los niveles de decibelios superan los marcados como recomendables, también aportaría confort acústico.

Profilaxis sonora

Envolvernos en sonidos sosegados nos llevará a timonear nuestra vida con brisas saludables: una sociedad sin ruidos; una sociedad más feliz

A partir de nuestra labor colegial, nomás quedaría que las familias e instituciones nos refuercen en la misma dirección.

Por ejemplo, las familias en casa evitando que la televisión permanezca encendida cuando nadie la ve o cuidando el nivel de la música en los auriculares o en internet.

Y las instituciones, supervisando los excesos de tono en actos públicos para evitar entornos tensos. Todos saldríamos beneficiados con esta apetecible profilaxis sonora.

Si con la información y concienciación lanzada desde las escuelas sobre los efectos disruptivos del ruido, conseguimos que los chavales desde pequeños entiendan que un ambiente sonoro adecuado reporta tranquilidad, paz y harmonía, nuestra misión como educadores habrá valido la pena.

Asimilar e interiorizar estos mensajes en pro de la necesidad de envolvernos en sonidos sosegados nos llevará a timonear nuestra vida con brisas más saludables: una sociedad sin ruidos; una sociedad más feliz.

Escritor valenciano que ha publicado 'Pinceladas de Harmonía' y 'El diccionario de JLFJ'. Licenciado en Filología Hispana y Filología Valenciana por la Universidad Literaria de Valencia. Actualmente trabaja como docente en el colegio de Ntra. Sra. del Pilar de Valencia.

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